En Inglaterra y Gales, un inmueble se considera HMO cuando al menos tres inquilinos pertenecientes a dos o más hogares distintos comparten instalaciones como la cocina, el baño o el aseo. Los HMO de mayor tamaño, normalmente los que alojan a cinco o más inquilinos en tres o más plantas, están sujetos a licencia obligatoria; los más pequeños pueden quedar igualmente incluidos en los programas de licencias adicionales que aplica cada ayuntamiento. Los umbrales y las tasas vigentes varían y cambian, por lo que conviene consultar siempre GOV.UK o a un profesional cualificado.
En la práctica, el propietario (arrendador) firma un contrato independiente con cada inquilino, de modo que cada habitación genera un flujo de ingresos propio. Por ejemplo, una casa adosada de cuatro dormitorios en Birmingham puede explotarse como HMO para obtener una renta total superior a la que produciría un alquiler a un solo hogar. Junto a este potencial, el propietario debe cumplir obligaciones más estrictas en materia de seguridad contra incendios, superficie mínima de las habitaciones y estándares de gestión de la propiedad, lo que convierte al HMO en una inversión operativamente más exigente que una compra para alquilar (buy-to-let) convencional.
Para el inversor internacional, los HMO pueden ofrecer una rentabilidad bruta por alquiler superior a la de los inmuebles alquilados a un único hogar, pero las obligaciones de licencia y los requisitos de gestión más exigentes hacen imprescindible contar con un gestor local con experiencia en la gestión de la propiedad.