En un leasehold (arrendamiento de larga duración), el comprador adquiere el derecho a ocupar la propiedad durante el plazo que establece el contrato de arrendamiento (lease), que suele oscilar entre 99 y 999 años, mientras que el freeholder (titular de la propiedad plena) conserva la titularidad del suelo y de la estructura del edificio. El titular del leasehold (leaseholder) suele pagar al freeholder o a una empresa gestora la ground rent (renta del suelo) y el service charge (gastos de mantenimiento), y debe cumplir las normas del contrato, que pueden limitar las reformas, el subarriendo o la tenencia de mascotas.
El plazo restante del contrato es uno de los factores más importantes que analizan el comprador y su entidad financiera. Los prestamistas hipotecarios suelen negarse a conceder financiación sobre inmuebles cuyo plazo pendiente es inferior a un determinado umbral, y ese umbral varía de una entidad a otra. Ampliar el plazo del contrato es un derecho legal para los titulares que cumplen los requisitos en Inglaterra y Gales, pero el proceso requiere solicitors (abogados) especializados y una tasación, y su coste depende del inmueble y de las condiciones del contrato en ese momento.
Antes del intercambio de contratos, el solicitor (abogado) revisa el contrato de arrendamiento completo durante los trámites legales de la compraventa (conveyancing) e informa sobre las cláusulas de la ground rent (renta del suelo), el historial del service charge (gastos de mantenimiento), las obras de gran envergadura previstas que pudieran generar una derrama extraordinaria elevada y cualquier restricción que pueda afectar al uso del inmueble o a su futura venta. En el caso de un apartamento en un gran desarrollo de Londres, por ejemplo, el service charge anual puede variar considerablemente, por lo que es habitual revisar las cuentas de varios años.
Si usted compra desde el extranjero y gestionará la propiedad a distancia, preste especial atención al plazo pendiente del contrato, al historial del service charge (gastos de mantenimiento) y a las restricciones de subarriendo antes de comprometerse, ya que influyen directamente tanto en la viabilidad del alquiler como en la futura reventa a compradores que dependan de una hipoteca.